Las palabras y el yelmo de Mambrino

«Es muy caro, ¿no?».

Estas lindas palabras me las dijo un potencial cliente en una reunión cuando le dije lo que le cobraría por corregir el libro que pensaba escribir. Y os aseguro que 1 € por página no es nada caro; más bien, es síntoma de la crisis que sufre el sector editorial (a mí me han llegado a ofrecer 0,50 € por página [!]). Desde ese punto de partida, y sin descender a la ira que puede desencadenar que alguien exógeno a un sector profesional entre a valorar las tarifas del mismo, cabe lanzar unos pensamientos acerca de la dolorosa y exasperante minusvaloración que se hace a todo trabajo que trate con palabras, con ortografía, con la escritura, sea del sector editorial o de otros como el que yo practico, el Community Management.

El caso es que muchas personas, que se tienen por profesionales, se muestran tan empecinados en afirmar ciertas sentencias como don Quijote al defender que la bacía del barbero era, en realidad, el yelmo de Mambrino. Cobrar 1 € por corregir una página de un libro es caro, porque se tarda poco, aducen, por ejemplo; se olvidan de que para hacerlo se requiere una formación académica, otra muy específica y se ha tenido que leer mucho. Si no, prueba a corregirlo tú, y verás como la bacía no es el yelmo de Mambrino.

Daniel García Raso, Social Media, Social Media Management, Community Management, Servicios editoriales, Yelmo de Mambrino, Palabras, Sector editorial, Community Management

Este eufemístico desprecio hacia el trabajo con las palabras, con la escritura, no es patrimonio exclusivo de los que no conocen el sector editorial, sino también de aquellos que se consideran verdaderos profesionales del mismo. En mi primer trabajo en una editorial (empleo que no recojo en mi currículo ni en mi cartera de clientes), un día el encargado de producción acudió a mí con un texto, universitario y cuya edición estaba financiada por el Estado, diciéndome que le hiciera una corrección rápida, que lo hiciera en mi misma jornada laboral (que era de 6 horas): era un texto académico de literatura comparada de 300 páginas. Tardé dos días, y le advertí que jamás volvería a aceptar un trabajo así, por razones obvias.

Pero también sectores en los que parte importante y esencial de su materia de trabajo es el lenguaje y la comunicación, las palabras, caen en errores que bien deberían costar una llamada de atención, cuando no una reprimenda. Por ejemplo: la publicidad. Iba yo un día por la carretera y me encontré con la valla publicitaria que veis más abajo, que vendía, ni más ni menos, a Calpe como destino turístico. Puede que a simple vista, los que no pertenecen al sector editorial no aprecien ninguna tara, pero hay una falta de ortografía tan garrafal como escribir cabezón sin tilde. «Calpe te espera!», así, sin signo de exclamación de apertura. La influencia del inglés ha hecho olvidar que el signo de apertura de exclamación y de interrogación son característicos del castellano, solo la lengua de Cervantes los utiliza, y, por tanto, son obligatorios. No sé, en esto yo me siento patriota, sin menoscabo a la rica lengua de Bart Simpson.

Daniel García Raso, Social Media, Social Media Management, Community Management, Servicios editoriales, Yelmo de Mambrino, Palabras, Sector editorial, Community Management

Y así pasa también en el Community Management, donde, a pesar de que todos los expertos coinciden en que un Community Manager debe tener excelente ortografía y saber escribir, faltas de ortografía como las de la valla publicitaria de Calpe abundan, aparte de otras.

Y también muchos potenciales clientes del Community Manager creen saber cuánto ha de cobrarse por llevarles su comunicación, sus palabras, en redes sociales de un modo profesional. No hace mucho mantuve una reunión con un posible cliente. Quería que le llevara Facebook y Twitter; no solo postear y tuitear, también generar contenido en forma de imágenes y demás. Según el calendario que planteaba, la tarifa que le ofrecí fue un bono o pack de 10 horas por 100 €. ¿Su respuesta?: «Es muy caro, ¿no?».

Y ahí le dejé, con el yelmo de Mambrino.

Standard

4 thoughts on “Las palabras y el yelmo de Mambrino

  1. avatar luissma says:

    Hola,

    si no me equivoco hay una falta de ortografía en “[…]como las de la valla publicitaria de Calpe abundan, a parte de otras.”

    Aparte de esa, te has comido una “n” en “[…] a la rica legua de Bart Simpson”.

    Saludos.

    • Gracias Luissma, pero eso no son faltas de ortografía, es que mis dedos son muy gordos en una mano y muy finos en la otra, pero contratado: has cogido los gazapos que había metido por sorpresa; si deseas el premio (un ejemplar digital de mi próxima obra de ficción) contacta conmigo :). Gracias por el comentario y bienvenido.

  2. avatar Enraged citizen says:

    Es triste, pero es algo que pasa con todo.

    Creo que a ese respecto, en la mayoría de servicios pasa lo mismo. Da igual que te refieras a la corrección de un texto, que al community management, que para montar una pagina web o cualquier otro que se nos pueda ocurrir.

    Tal y como yo lo veo hay tres problemas en este mundo de locos.

    En primer lugar es algo que “puede” hacer cualquiera, y el entrecomillado es precisamente porque hacerlo, puede hacerlo cualquiera, pero hacerlo de manera profesional, no.

    Por otra parte, al ser algo que superficialmente parece fácil, la gente cree que lo es, y como no conoce el tema en profundidad, no tiene en cuenta todos esos detalles que solo un profesional del tema conoce, ni tampoco valoran el tiempo, dinero o experiencia invertidos por el profesional para poder considerarse como tal.

    Es cierto que yo puedo pintar mi casa, y me saldrá mucho mas barato que si llamo a un pintor, pero ni voy a tardar lo que tarda un profesional, no voy a dejar mi casa como la dejaría un pintor profesional. Y donde digo pintor, digo corrector ortográfico, community manager, desarrollador web o cualquier otro profesional.

    Por último, en determinados sectores tenemos una oferta sobredimensionada, en parte por la globalización, en parte por la facilidad de realizar algunas cosas de manera amateur. Y a esto se junta que la gente no se pregunta porqué este me ofrece un servicio por 100 y aquel que tampoco conozco de nada me lo ofrece por 20.

    Yo personalmente lo tengo claro, puede que me equivoque, puede que sobrevalore mi trabajo, pero a un cliente que me viene con esas solo puedo explicarle que mi trabajo no es apretar un tornillo, es saber que tornillo hay que apretar, y que si no le parece bien que busque a alguien mas barato.

    Perdón por la parrafada, pero es algo que me toca especialmente.

    • Al contrario, muchas gracias por tomarte la molestia de escribir tanto. Totalmente de cuerdo contigo, existe una asimetría brutal entre lo que unos consideran que es un trabajo y lo que realmente es. El problema, creo yo, es que la mayoría de las personas no le decimos al panadero, por ejemplo, que su pan es muy caro. Al fin y al cabo es una cuestión de personalidades.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *